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Beato Eustaquio Kugler: Ejemplo de fortaleza

Orden | Junio 2015

Hoy recordamos al Beato Eustaquio Kugler, que nació el 15-01 de 1867 a Neuhaus - en la diócesis de Ratisbona (Alemania); emitió sus votos como Hermano Hospitalario el 21-10 de 1895 y falleció el 10 de junio de 1946.

Beato Eustaquio Kugler: Ejemplo de fortaleza

Vida y obra
Su nombre de pila era José. El Hermano Kugler, (1867 - 1946) ingresó a los 26 años a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, luego de haber entrado en contacto con esta comunidad durante la construcción de un hospital en Reichenbach (Alemania). Fue por 20 años Superior local, y de 1925 hasta su muerte en 1946, Superior Provincial de la Provincia de Baviera.

Tenía un gran sentido de la justicia y un talento para la organización. Bajo su mando estaban 16 hospitales con 2.500 personas asistidas. En 1929 se inauguró un magno hospital (masculino y femenino) con su iglesia en Regensburg, en honor a San Pío V.
 
Se preocupó que se atendieran principalmente a los pobres. Escribió los criterios para acompañar a los enfermos en los hospitales que se rigen en la actualidad. Aún con esta responsabilidad, pasaba las noches caminando por los pasillos del hospital velando por las necesidades de los enfermos, desde las más pequeñas.

Los que trabajamos en el campo de la discapacidad sabemos que las personas se abren sólo con quienes tienen el corazón abierto hacia ellas. El hermano Eustaquio Kugler, fue un gran modelo de este enfoque.

Para el postulador de su beatificación, el Hermano Félix Lizaso, Kugler vivió su llamado en medio de dos importantes pilares: Una realidad existencial profunda en la comunidad, con una vida de fe y espiritualidad y una vida de entrega a los enfermos.

Resistencia ante la crueldad nazi

Como muchas otras órdenes religiosas y la misma Iglesia, los hermanos de San Juan de Dios eran acechados por los nazis. También lo eran los mismos enfermos que ellos atendían. Muchos fueron deportados ya que los nazis los consideraban un tumor para la sociedad, pero el Hermano Kugler puso todo su empeño por salvarlos de la cámara de gas.

El 17 de agosto de 1943 hubo un gran bombardeo sobre Ratisbona. Los alrededores del hospital fueron destruidos. En cambio, este centro de salud quedó intacto.  Podemos decir que aquí hay un santo, que nos ha salvado de la guerra y de las bombas, decía un pastor evangélico. Cuenta el padre Lizaso que un día Hitler pasó frente al hospital. Todos corrieron a asomarse a las ventanas para verlo. El hermano Kugler en cambio, no quiso mirarlo y decía a sus hermanos nuestro Fuhrer vive ahí, señalándoles el sagrario.
 
Nunca iba a ningún sitio si no era con el rosario en la mano. Era un hombre muy recto. Con espíritu de oración, de recogimiento, de humildad, asegura su postulador. Sufrió mucho por la devastación nazi. Soportó más de 30 interrogatorios de la Gestapo. Fue tal su impresión que durante uno de estos cayó desmayado. Además de no delatar a ningún hermano, ni a otras personas, mantuvo gran silencio en su comunidad sobre los interrogatorios y trato recibido. Ni se quejó ni insultó a los policías testimonia Lizaso.

Hubo hermanos que abandonaron la orden, deslumbrados por las ideologías nazis. Esto golpeó profundamente a al Hermano Eustaquio. Pero guardando la calma, se refería a los nazis diciendo: “Esos árboles no crecerán hasta el cielo. No era una persona de oficiales estudios teológicos, pero sí de una espiritualidad ascética profunda, una innegable vivencia mística por su vida interior y profundidad de fe, que acompañaba a sus actos en auténtica respuesta de amor a Dios, asegura su postulador.
 
El hermano Kugler murió en 1946 de un tumor en el estómago. Han pasado más de 60 años después de su tránsito. Hoy sus hermanos, así como miles de fieles en Regensburg admiran de él su sencillez, su sabiduría y su espíritu de servicio.
 
Fue beatificado el 4 de octubre de 2009 durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI. 
 
 
Oh Dios, fortaleza de quien confía en ti,
que has otorgado al Beato Eustaquio (Kugler)
la gracia de vivir con gran humildad entre sus hermanos y de servir con caridad singular a los enfermos, concédenos, por su intercesión, ánimo seguro para confiar plenamente en ti,
y para servir con incansable caridad a quienes se hallan en el sufrimiento y en la indigencia.